martes, 16 de octubre de 2007

MI ESTACIÓN DE PENITENCIA

Llueve en diciembre y pienso en tí, Madre mía del Consuelo. Con sólo evocar tu nombre mi corazón se altera y acuden a mí secuencias de mi vida en las que me has acompañado, esos momentos en los que en la intimidad del rezo me has ido descubriendo el camino a seguir, desde tu capilla, rincón lleno de luz donde brillas cual estrella. Mirarte es saberte siempre conmigo. En tus ojos está mi familia, mujeres que me han enseñado a quererte, mi madre siempre contigo en el corazón, mi tía Consuelo siempre en la memoria, mi abuela Nati que derramaba lágrimas al verte pasar por la ventana de su puerta…Son tantas sensaciones, Madre mía, que se van haciendo poco a poco a lo largo del año, en mañanas soleadas de instituto en las que buscar un hueco para estar contigo, en días festivos donde la puerta abierta deja unos minutos para saludarte ,el día de mi boda, en cada instante posible para mirarte y llegar al Jueves Santo y poder acompañarte en cada recorrido por las calles de Cantillana.

Desde hace unos años ese recorrido se ha vuelto más personal, más silencioso e íntimo. Horas antes de que procesiones, los cuatro hermanos nos dirigimos a la casa donde nacimos. Allí nos esperan las túnicas y los capirotes. Entre emoción y sonrisas nos ayudamos a vestirnos, besamos tu medalla y ocultamos la cara. Con paso decidido nos dirigimos a San Bartolomé, para estar contigo, como cada año desde mi niñez. Unos golpes y la puerta se abre y allí estás Madre Mía del Consuelo, más guapa que nunca, iluminada por las velas, oliendo a flores que se mezclan con incienso. La luz te acaricia dulcemente la cara, tus ojos sonríen entre las lágrimas y tu boca contiene la emoción. De nuevo estás ahí, cada día más señora, preparada para pasearte por las calles, con tu dulce mirada reclinada, tu cara pálida llena de hermosura, tu serena angustia, tu elegantes manos de Señora, siempre dispuestas a tenderlas sobre tus hijos. Madre Mía del Consuelo, ¿en qué piensas?


Hermanos nazarenos, ¡qué alegría encontrarnos! Ser hermano de la Virgen del Consuelo es algo especial, más aún si se es nazareno. ¿Cómo describir esos momentos previos a la procesión? La alegría de reencontrarnos en San Bartolomé como cada año, el nerviosismo y la emoción contenida, la ilusión de acompañarte de nuevo. Niños que van aprendiendo a hacer el recorrido, adultos que después de haberlo hecho infinidad de veces los vivimos ahora entre cirios y silencios. Orden en las filas, la procesión comienza.

Las puertas se abren y aparece Cantillana. El Llano estalla en aplausos. Lágrimas en los ojos, miradas de agradecimiento, deseos nuevos y esperanza. Los varales susurran, el paso engalanado, la Virgen ya va caminando. Silencio en las filas, murmullo en el ambiente. Todos te miran, Madre mía. Al fondo con mis padres y mi sobrina, mi marido y este año mi hijo. La esquina del callejón del herrero, donde desde el balcón tantas veces te he contemplado, rincón mágico, callejuela de antaño donde moraste en otro tiempo. Pensamientos. Entre parada y parada vamos haciendo el camino. Entre olor a azahar y naranjos Palacio te espera. Gentío en la Iglesia, Salve Regina. El tiempo se va agotando. La noche ha ido cayendo. Con paso suave al callejón del Caco vamos llegando. Puro milagro de sombras y luces te hacen estar más cerca, sólo TÚ entre paredes blancas…La imagen del Llano se va aproximando. Ya estás en la puerta, esperando. Tu manto recorre el dintel. Vas entrando.

Velas apagadas, costaleros satisfechos, capirotes al aire, abrazos entre hermanos. La alegría de haberte acompañado. Mirarte es ahora más dulce, tu imagen serena descansando. Gracias, Madre Mía del Consuelo. ¡Hasta el año que viene!

Natividad Aguas Santas Martín González

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